
Las vio tan felices, que desde el otro lado del salón, decidió irse de aquella fiesta, sin siquiera saludar. Creyó que si advertían su ausencia, se podrían llegar a preguntar, porque no se despidió; Pero muy dentro suyo sabía, que no podían notar su presencia.
Se marcho, pensando en el comentario de una prima: “no voy a dejar me quiten a mis amigas”. ¿Acaso alguna de sus amistades pondría empeño en evitar que ella se alejara a punto tal de perderse? y si se diera ¿Se molestarían en tratar de recuperarla? Eran preguntas muy duras, pero la más importante era: ¿ellas alguna vez la tomarían en cuenta, como siempre lo hizo celeste? Hubiera sido menos triste, para ella, desconocer las respuestas.
Las extrañaba a cada una, pero aun más a sí misma. Tanta indiferencia la había arrastrado a olvidarse de su persona.
Cuando llegó a su casa, armó la valija, y botó todos los recuerdos donde ella fue ignorada.
Poco antes de dormir escribió un correo electrónico, y se lo mando a aquellas mujeres que un día fueron sus amigas:
“Mañana me iré a Chile. Quizás nunca vuelva, y ruego que sea así.
Para empezar: ¡GRACIAS POR LA FIESTA DE DESPEDIDA! Aunque me hubiera gustado, si esta hubiera sido una excusa para despedirme; y no viceversa. Aun así, gracias.
Admito que siempre me gustó la idea de que conocieran bastante de mi vida (al fin se supone que forman parte, y no les voy a negar conocerla), por ese motivo, lo último que “compartirán” conmigo, será el porqué de mi partida. Es más complejo que solo la fabulosa oferta académica.
Lo cierto es que me harté de sentirme sola. Aunque podrán, aparentar, estar siempre, no lo han hecho, en realidad. Cuando queremos a alguien, esperamos que en todas las situaciones le sean demasiado importantes, y no solo las malas. Porque cuando uno esta bien y sus allegados lo alegran un poco más, el cariño hacia ellos crece y fortalece la unión. Lamentablemente siento que me perdí de esos buenos momentos, y por eso me voy. Creo que si salgo de esta pequeña ciudad, podre cambiar, y tratar de reemplazar esos malos ratos, por recuerdos nuevos.
Ante todo, no les reprocho absolutamente nada, incluso me considero un poco egoísta, porque desde que se fue Julieta, me quede sola, y pensé que podían ser tan amigas mías, como lo era ella. Debo ser yo, la del problema, sino aunque sea alguien, me tomaría en cuenta, y no me dejaría tan de lado, como sucede. Quizás me equivoque, y quiero creerlo, pero así es como yo lo veo.Probablemente, se pregunten por que nunca dije nada (si es que les importa realmente), y la verdad es que creí que se darían cuenta, pero no lo hicieron. Las espere tanto, hasta que me quise levantar y hacer como que nada pasó, pero necesite una mano para hacerlo, y no hubo nadie. Todo los que pudieron haberme ayudado, ya me habían abandonado.
Sin embargo, quiero agradecerles, por todo. Creo ser demasiado ingrata, por no valorar lo poco, o mucho, que me dieron. Pero sobre todo gracias por hacer que me sienta como una exiliada en “mi” grupo. Fue el mejor regalo que me hicieron. Eso me llevó a plantearme muchas cosas, y valorarme un poco más. No les niego que duela, y mucho, pero por lo menos, te demuestra que uno crece, si se quiere un poco, aunque el resto no lo quiera a uno.
No quiero seguir ensombreciendo este adiós. Tan solo me queda decir que este será mi último contacto con ustedes, porque para empezar de nuevo, debo dejar lo viejo atrás. Es triste estar rodeada de gente, y aun así sentirse sola. No quiero seguir así.
Las quiero mucho
Celeste”
Envió aquella triste despedida, y se fue a dormir, con la esperanza de renacer del otro lado de la cordillera.