Una fría mañana de noviembre, en las vísperas del cumpleaños de Susan, algo sucedió. No recuerdo muy bien qué, pero si estoy seguro de una cosa: Mi vida siguió siendo la misma, sin siquiera un cambio, la misma basura de siempre...
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lunes, 2 de marzo de 2015
domingo, 1 de febrero de 2015
El romance de los últimos años
¡Malditos escritores con complejo de dioses, que
van creando personas por ahí solo para que los amen!
van creando personas por ahí solo para que los amen!
Me gustaría vivir en esta quimera, pero noto que
me voy apagando, que no es lo mismo...
-¿Qué pasa?- preguntó en la penumbra, sacándolo de su trance.
-Te miro, sos pura sonrisa.
-Pero decime la verdad ¿Piensas que va a haber alguien así acá?
-No, pero tampoco puedo hacer nada.
-Sí, podes planificar el próximo viaje...
Te hubiera besado, te hubiera abrazado mucho
más, pero no sabía si querías. Aunque en realidad no me animé
-¿Y cómo llegaste a este lugar?
- Es que estaba enamorada... Un poco de mi carrera,
un poco de estas montañas y de aquellos bosques, un poco
de quien quería ser, un poco del frío y de ese aire que no se acaba.
Y ya se me escapan las palabras...
Fragmento VII (La Bruja de los colores)
Azul
“Corazones
profundos y fríos como el mar. Solo nadando a través de ellos conoceremos lo
que habita en sus grietas.”
Su mirada se había perdido
en las manchas de humedad que atravesaban todo el cielo raso. Una voz melodiosa
repetía “arriba, vamos, levántate.” Sin embargo, él no se quería levantar, no
quería salir de esa habitación y mucho menos de aquella cama.
El día a día no le
importaba, tampoco su trabajo, ni sus estudios, ni nada. Siempre se preguntó
que hacía estudiando una carrera que solo les gustaba a sus padres, si ni
siquiera ellos le pagaban la universidad, ni el departamento, ni las noches de
soledad. Ellos no hacían nada, pero aún él intentaba complacerlos.
A duras penas se destapó y
el frío lo abrazó tan fuertemente que un pequeño escalofrío invadió todo su
cuerpo. Era lo normal en las mañanas de
junio, pero ya no lo sentía, el frío se había hecho parte de su rutina hacía
varios meses.
“No te vayas, quédate aquí
conmigo.” La dulce vocecilla se hacía presente una vez más. ¿Y qué era esa voz?
Si es que era algo más que un cruel intento de su mente para no sentirse solo.
Volteó hacia la cama y
buscó por toda la habitación. Nuevamente había sido engañado por el deseo de
compresión y compañía. Así, una vez más se resignó a vestirse para salir a la
nada que llamaban ciudad, para luego ir a la roca donde todos crean sueños,
pero donde él los había perdido. Salió bastante desabrigado, pero no hacía
falta abrigarse. El aire se viciaba demasiado rápido en la universidad.
Fragmento de La Bruja de los Colores, una de las historias jamás contadas, una de esas que nunca escribiré
domingo, 25 de enero de 2015
El sapo y la flor (Ejercicio para el Grupo Joaquín)
Es que en el fondo el sapo se quería morir. Se tiró al
abandono de tal forma que, en sus últimos días, apenas si podía clavar la mirada
en la flor y murmurarle “tal vez sea en otra vida, querida.”
Este es el primero que subiré de una serie de ejercicios realizados en el taller del grupo Joaquín. Simplemente son mis trabajos terminados.
miércoles, 27 de agosto de 2014
Tragedias Imaginarias
Si hoy me preguntaran quien soy no sabría que decir, me fui
despojando de todo, de cada parte que se
ensamblaba en mi ser solo para dártela. No lo sé, tal vez tenías esa esperanza
secreta de que te abandonaría, esa idea de que nada es eterno y de que mi
paciencia o mi cariño tampoco. Por eso intentaste crear una réplica de mí, un
muñeco inanimado que sigue queriéndote aunque en el fondo no sienta nada. Si lo
pienso tendría mucho sentido, me fuiste reclamando siempre que sea lo que tú
querías, la persona encantadora que no era. Te convertiste en un escultor con
un martillo y un cincel que tallaba mi autoestima y mis ganas de quererte, pero
que en su ambición iba dañando la obra, iba arruinándola. Sé por eso que luego arrepentido
tomaste los pedazos que quedaron e intentaste unirlos, creyendo que así
volverías a tenerme, creyendo que volvería la chica de antes, la que te quería.
Pero yo no quiero volver, porque implicaría sufrir nuevamente las tragedias
imaginarias de las que tanto hablabas, volver a ser partícipe de la
sensación de inutilidad que me causaba
saber que sin importar lo que hiciera nunca iba a ser suficiente para ti. Ya no
quiero mendigarte un poco de cariño entregando por pago todos mis esfuerzos.
Creo que al final de todo ya ni siquiera te quiero.
domingo, 26 de enero de 2014
En honor a Teresa
La mujer con perfume a tabaco estira su brazo para recoger la caja de
cigarrillos que está sobre la mesa. La cajita arrugada se ha ido vaciando por
arruinadas manos de largas y amarillas uñas. Los dedos temblorosos toman un
cigarro de su interior y lo acercan a los labios resecos de esta mujer de vista
cansada, justo antes de que un mechero haga la magia en su otra mano. Ella se
distrae por un momento mirando los exámenes que tiene en frente, cuarenta hojas con respuestas variadas, pero
que apuntan a lo mismo que esta mujer ha preguntado en un salón de clases
durante veinte años y que a nadie la ha importado realmente.
Ella nunca ha sabido lo que es respirar con una bolsa atravesada en la
tráquea, pero si le explicaran como se siente, podría llegar a la conclusión de
que eso está pasando en estos instantes, porque de una u otra forma todo su
sistema respiratorio está complotando para intentar frenarle el paso al humo,
aunque esto implique asfixiarla. Así que tose, tan fuerte como si su alma
intentara escapar por la garganta, pero tan despacio que puede dejar
delicadamente su cigarro en el cenicero y contemplar filosóficamente como se
deteriora el cielo raso de su casa y de su vida.
—Hola ma.
Ella no escuchó la puerta porque tosía como si tuviera la garganta llena
de arena, aunque por suerte él ya se había guardado las ganas de quejarse
nuevamente de los vicios de su madre.
—Hola Julian ¿En qué te viniste?
— Me trajo Facu
Y lo piensa "maldito pendejo maricón". No sabe si el tal
Facundo en cuestión es solo amigo de su hijo o qué, ni siquiera ha recibido la
confirmación oficial de la homosexualidad de Julian, pero ella sabe que andan
en algo. El problema no es precisamente que fuera gay o que le gustara coger
cadáveres, el verdadero conflicto es que esta mujer deseaba que al menos una cosa
en toda su vida fuera normal, pero el crío le salió rarito. "Maldito
pendejo maricón" piensa otra vez.
Detrás de la frase de Julian las miradas se cruzan iniciando una batalla
más épica que la guerra de los cien años. Cualquier espectador con un poco de
imaginación vería cientos de balas, miles de pedradas, unas cuantas granadas y
hasta rayos láser futuristas atacando desde la mirada de esta mujer a la de su
hijo y viceversa. Sin embargo el instinto de preservación del joven guerrero es
mayor al deseo de vencer y huye a su
habitación, dejándole la victoria a los amarillentos ojos de ella.
Para esta mujer, ser madre implica eso: Salir del pozo depresivo al
menos por un instante para poder educar correctamente a sus hijos. El dilema de
la situación es que a ella le cuesta identificar la diferencia entre pozo,
pocito y pozote y no termina de salir nunca.
Pasado el momento maternal, ella busca ansiosa el cigarro barato que se
ha consumido casi en su totalidad sin siquiera una sola pitada. Al menos sirve
para calmar la desesperación sin sentir la culpa de gastar demasiado en
cigarrillos que ni se llegan a fumar.
El día pasa, la pila de exámenes se deshace y luego se transforma en
otra pero con los exámenes corregidos. El cenicero ya se encuentra atestado con los
cadáveres de los sueños de esta mujer. Piensa, mirando la foto de sus nietos en
el fondo de pantalla de su celular, en la época en la que la llamaban Tesorito.
Era un dulce juego de palabras que le gustaba: Teresa-tesorito. Aunque pasado
los años sabe que esas palabras mucho no tienen que ver y menos para referirse precisamente a ella.
Se hizo demasiado tarde, casi las dos de la mañana y Teresa tiene que
dar clases a las 7, pero aunque se haya acostado hace más de dos horas aún no
puede dormir. Está sumergida en
recuerdos imaginarios, cosas que ni siquiera han sucedido, como por ejemplo el
día que el padre de sus hijos le propuso matrimonio, un momento que no sería
desgarrador si hubiera sido cierto y el tipo en cuestión no se hubiera esfumado
en cuanto ella quedó embarazada de los mellizos.
Una cosa lleva a la otra, la noche se hace día mientras ella se pierde
en el sueño sin siquiera notarlo. El despertador suena anunciando las 6:30, es
tiempo más que suficiente considerando que vive justo en frente de la escuela y
que piensa ir en pantalón de pijama, como si nadie pudiera notar su
desarreglada apariencia.
En el colegio nunca la han respetado como ella esperaba, especialmente
los alumnos. No es ninguna novedad el hecho de que se burlen en su propia cara,
que se copien bajo sus propias narices y ni siquiera intenten fingir
escucharla. Si se sumara eso al hecho de que el resto de las cosas no van bien
desde hace bastante se obtendría un cóctel bastante dañino, tal como el que
esta mujer se está tomando mientras intenta dar clases. Por eso se altera y
empieza a gritar como una posesa que todos se callen, mientras las piernas se
le aflojan y los pulmones se le vacían. Es solo un instante. Un segundo y todo
el mundo está en silencio mientras uno de los alumnos corre hacía la
preceptoría para avisar que la profesora de literatura se ha desmayado.
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