martes, 26 de febrero de 2013

Fragmento II (El Cuaderno Azul)


No puedo dejar de pensar ¿Qué demonios está pasando? Digamos que es una vieja, quince años no es poco. Aunque me siento tan apegado a ella, a esa tenue sonrisa, a su aroma a café, a sus ojos marrones delineados por gruesas ojeras. Hay momentos en los que me pregunto si serán moretones, manchas de nacimiento o vaya saber qué, sin embargo solo concluyo que son cicatrices, cicatrices de aquellas historia que se niega a contarme, las que han vuelto sus ojos más oscuros de los que ya son.
Me siento estúpido, muy estúpido. Podría haber buscado una chica de mi edad. Estúpido, estúpido, estúpido. Como si fuera a lograr algo más que sentirme reflejado en ella, en su sonrisa, en sus manos inquietas, en la forma que se acaricia las cejas cada vez que la migraña le es insoportable. No sé, me siento un imbécil pensándolo y destacando cada cosa en ella, sobre todo si no es nadie… No es absolutamente nadie. Y aunque lo fuera, no dejaré que transforme en algo más importante que solo una chica que vive al lado, que solo vuelve a casa después de las nueve para desaparecer por la mañana, amenazando con nunca más volver.
Sinceramente soy un estúpido, un simple niño estúpido.

Fragmento de El Cuaderno Azul, una de las historias jamás contadas, una de esas que nunca escribiré.

lunes, 18 de febrero de 2013

Fragmento (El Cuaderno Azul)

"Es una pena, una verdadera pena el no poder fingir estar dormido para siempre. Hace un rato me tuve que levantar y venirme a casa, creo que no le gustó haberme encontrado abrazado a sus piernas, con mi cabeza apoyada en su cintura.
A veces no la entiendo, me cuida como un niño, pero no me ve como tal, tampoco me ve como un hombre, simplemente no me ve. Creo que es esa duda la que me atrae, lo que me deja con una sonrisa y me da ganas de levantarme temprano, para mirar por la ventana como sale hacia su trabajo. Hay días en los que pienso en que no va a volver, hay otros en los que con un gesto me lo asegura, y a las semanas la encuentro sentada frente a una pared blanca, cualquiera en la ciudad, observándola como si pudiera ver toda una vida proyectada en ese vacío."

Fragmento de El Cuaderno Azul, una de las historias jamás contadas, una de esas que nunca escribiré.

jueves, 14 de febrero de 2013

Luces que se apagan en la distancia


Hola, espero que esté todo bien. Luego de estar  todos estos días pensando en los doce años de escuela y todo lo que encierra eso, solo pude preguntarme ¿Para qué? ¿Para qué criamos amistades durante tantos años si tienen que terminar de esta forma?
¿Sabes? Lo aguanté y entendí en muchas personas, todos aquellos que se fueron, rehicieron su vida, los que no dejaron espacio para la gente de atrás, ni siquiera para los que quería seguir en el presente. Lo entendí en ellos, pero no lo entiendo de vos. ¡Vamos! ¡No laburé esta amistad durante nueve años para que ahora no tengas ni la decencia de mandarme a la mierda! Porque si, eso sería un poco más acertado que esconderte como lo estás haciendo.
Te repito, prefiero que seas dura y sincera, solo por una cuestión de respeto, de respeto por mí, por mis brazos, por la rodilla que casi me rompo a golpes. ¡Encima te conté todo! Me abrí por completo contigo, te conté cosas que no me gusta siquiera mencionarlas. Te tuve una confianza que no se la he tenido a nadie, y eso porque te consideraba una de mis mejores amigas.
A fin de cuentas solo me gustaría saber ¿Tan mierda de mina soy? ¿Tanto que no merezco ni un poco de consideración y cariño? Te lo pregunto porque realmente estoy cansada de aguantar cosas para mantener lazos que no duran, ni de los cuales entiendo que estoy haciendo mal. Creo que por eso no mejoro nunca, porque soy una maldita ignorante, así de simple.
No me voy a gastar mucho en decirte "gracias por todo, que tengas una linda vida y bla bla bla" porque sabes bien de ante mano que esos son todos mi deseos para ti, tan solo no le hagas esta mierda a más nadie, no es algo bonito, para nada bonito.