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miércoles, 11 de marzo de 2015
Soledad
Cada día la soledad se paseaba como una sombra en mi cuarto, y yo cansado de la falta de compañía alimentaba al monstruo del insomnio solo para estar con ella y poder cantarle en la oscuridad de cada noche. Sé que pensaran que estoy loco, pero me juego cada uno de mis versos a que nadie la ha visto tan hermosa como la vi yo.
domingo, 1 de febrero de 2015
El romance de los últimos años
¡Malditos escritores con complejo de dioses, que
van creando personas por ahí solo para que los amen!
van creando personas por ahí solo para que los amen!
Me gustaría vivir en esta quimera, pero noto que
me voy apagando, que no es lo mismo...
-¿Qué pasa?- preguntó en la penumbra, sacándolo de su trance.
-Te miro, sos pura sonrisa.
-Pero decime la verdad ¿Piensas que va a haber alguien así acá?
-No, pero tampoco puedo hacer nada.
-Sí, podes planificar el próximo viaje...
Te hubiera besado, te hubiera abrazado mucho
más, pero no sabía si querías. Aunque en realidad no me animé
-¿Y cómo llegaste a este lugar?
- Es que estaba enamorada... Un poco de mi carrera,
un poco de estas montañas y de aquellos bosques, un poco
de quien quería ser, un poco del frío y de ese aire que no se acaba.
Y ya se me escapan las palabras...
Fragmento VII (La Bruja de los colores)
Azul
“Corazones
profundos y fríos como el mar. Solo nadando a través de ellos conoceremos lo
que habita en sus grietas.”
Su mirada se había perdido
en las manchas de humedad que atravesaban todo el cielo raso. Una voz melodiosa
repetía “arriba, vamos, levántate.” Sin embargo, él no se quería levantar, no
quería salir de esa habitación y mucho menos de aquella cama.
El día a día no le
importaba, tampoco su trabajo, ni sus estudios, ni nada. Siempre se preguntó
que hacía estudiando una carrera que solo les gustaba a sus padres, si ni
siquiera ellos le pagaban la universidad, ni el departamento, ni las noches de
soledad. Ellos no hacían nada, pero aún él intentaba complacerlos.
A duras penas se destapó y
el frío lo abrazó tan fuertemente que un pequeño escalofrío invadió todo su
cuerpo. Era lo normal en las mañanas de
junio, pero ya no lo sentía, el frío se había hecho parte de su rutina hacía
varios meses.
“No te vayas, quédate aquí
conmigo.” La dulce vocecilla se hacía presente una vez más. ¿Y qué era esa voz?
Si es que era algo más que un cruel intento de su mente para no sentirse solo.
Volteó hacia la cama y
buscó por toda la habitación. Nuevamente había sido engañado por el deseo de
compresión y compañía. Así, una vez más se resignó a vestirse para salir a la
nada que llamaban ciudad, para luego ir a la roca donde todos crean sueños,
pero donde él los había perdido. Salió bastante desabrigado, pero no hacía
falta abrigarse. El aire se viciaba demasiado rápido en la universidad.
Fragmento de La Bruja de los Colores, una de las historias jamás contadas, una de esas que nunca escribiré
viernes, 12 de agosto de 2011
Añorando lo pasajero
Que lindo que es recordar las mañanas en San Juan, cuando la niñez llenaba de inocencia aquel pequeño rostro. Es imposible describir por completo lo que sentía cuando la gélida brisa matutina acariciaba mis sonrisa, sirviendo de alivio para la calurosa noche que había pasado y anunciando el glorioso día que empezaba. Pero a veces era un poco más, me recordaba que seguía viva, que la sutileza de mi espíritu seguía intacta y que, sin importar lo que pasara, yo era feliz.
Después de tantos años años solo puedo añorarlo mientras oigo canturrear a aquellos pájaros que componían melodías para esos buenos momentos, y de cuales apenas conozco su canto. Incluso todavía puedo experimentar esa sensación: viajar otra vez, durante seis interminables horas para luego llegar a aquella casa, donde mi diminuto ser empezó a caminar, y esperar al alba para salir al patio. Sin embargo ya no será lo mismo. He crecido y ya no miro de la misma forma, apenas si veo como todo se ha deteriorado por acción del abandono y los años que nos pesan. Hasta la felicidad se ha quedado guardada, llenándose de polvo en una destartalada caja junto a los sueños que dejé morir. Aun así no queda más que convencerse de que hoy también es un glorioso día, porque la vida sigue y no se detiene a mirar las flaquezas de aquellos a los que arrastra.
Después de tantos años años solo puedo añorarlo mientras oigo canturrear a aquellos pájaros que componían melodías para esos buenos momentos, y de cuales apenas conozco su canto. Incluso todavía puedo experimentar esa sensación: viajar otra vez, durante seis interminables horas para luego llegar a aquella casa, donde mi diminuto ser empezó a caminar, y esperar al alba para salir al patio. Sin embargo ya no será lo mismo. He crecido y ya no miro de la misma forma, apenas si veo como todo se ha deteriorado por acción del abandono y los años que nos pesan. Hasta la felicidad se ha quedado guardada, llenándose de polvo en una destartalada caja junto a los sueños que dejé morir. Aun así no queda más que convencerse de que hoy también es un glorioso día, porque la vida sigue y no se detiene a mirar las flaquezas de aquellos a los que arrastra.
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