domingo, 1 de febrero de 2015

Fragmento VII (La Bruja de los colores)

Azul
“Corazones profundos y fríos como el mar. Solo nadando a través de ellos conoceremos lo que habita en sus grietas.”
Su mirada se había perdido en las manchas de humedad que atravesaban todo el cielo raso. Una voz melodiosa repetía “arriba, vamos, levántate.” Sin embargo, él no se quería levantar, no quería salir de esa habitación y mucho menos de aquella cama.
El día a día no le importaba, tampoco su trabajo, ni sus estudios, ni nada. Siempre se preguntó que hacía estudiando una carrera que solo les gustaba a sus padres, si ni siquiera ellos le pagaban la universidad, ni el departamento, ni las noches de soledad. Ellos no hacían nada, pero aún él intentaba complacerlos.
A duras penas se destapó y el frío lo abrazó tan fuertemente que un pequeño escalofrío invadió todo su cuerpo.  Era lo normal en las mañanas de junio, pero ya no lo sentía, el frío se había hecho parte de su rutina hacía varios meses.
“No te vayas, quédate aquí conmigo.” La dulce vocecilla se hacía presente una vez más. ¿Y qué era esa voz? Si es que era algo más que un cruel intento de su mente para no sentirse solo.

Volteó hacia la cama y buscó por toda la habitación. Nuevamente había sido engañado por el deseo de compresión y compañía. Así, una vez más se resignó a vestirse para salir a la nada que llamaban ciudad, para luego ir a la roca donde todos crean sueños, pero donde él los había perdido. Salió bastante desabrigado, pero no hacía falta abrigarse. El aire se viciaba demasiado rápido en la universidad.

Fragmento de La Bruja de los Colores, una de las historias jamás contadas, una de esas que nunca escribiré

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