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sábado, 21 de febrero de 2015

Fragmento IX (La Bruja de los colores)

Me pregunto si en el fondo de tu alma aún queda un suspiro de recuerdos. Siempre has sido de esas personas que actúan dormidas y que al cabo de unos minutos no saben lo que han hecho.
¡Qué maravilloso don el que posees! ¡Qué magnifica manera de vivir! ¿Sabes? creo que después de tantos años he aprendido a vivir como tú, con esa elegancia al caminar y la borrachera crónica, aunque claro, la resaca nunca aparece ¿será que por eso pinté el cielo de morado, el suelo de gris y mi piel de verde? ¿Será por eso que los sauces no dejan de bailar con el viento? ¿Será que te has convertido en el viento y no me lo has dicho? Sí, creo que es eso. Las pinceladas de tus ojos siguen transformando mis pasos en estáticos pies... No quiero quedarme. Prometo que no voy a volver.



Fragmento de La Bruja de los Colores, una de las historias jamás contadas, una de esas que jamás escribiré...

jueves, 5 de febrero de 2015

Muñecas

 Creo que lo que más me gusta de ti son tus muñecas. Esas pequeñas angosturas en las que se dibujan las primeras ramas de los cerezos de tus dedos y donde la vida que recorre todo tu cuerpo se deja ver en  verdes brotes. Y ni hablar de que me encanta como en esos espacios se acumulan tantas sensaciones, que con solo rozarte puedo hacer que tiembles.
La verdad es que me gustan tanto que incluso creo que preferiría besarlas antes que hacerlo con tus labios, tan llenos de memorias y recuerdos que no me incluyen ni interesan. Pero me aseguraría que fuera justo ahí, donde se marcan los pliegues causados por esas sobrevaloradas  e inquietas manos. Porque sí, tus manos y las de todo el mundo están demasiado sobreestimadas, como si fueran las únicas portadoras del tacto. Si tan solo alguien se detuviera a pensar en el resto de la piel… Sin embargo no me importa el resto de tu piel, apenas ese pequeño espacio, cargado de venas y nervios, que se mantendrá joven e intacto y que siempre será donde querré dibujar mis besos.

¿Sabes? Hasta podría intentar proponerte un pacto, que me dejes acariciar cada una de tus muñecas a cambio de que en algún momento me guste todo lo que las rodea.