Adiós
-¿Realmente es necesario que vayas? Si acá, hay tantas posibilidades a tu alcance…
-Lo siento… pero realmente debo hacerlo o nunca lograré nada.
-¿Por qué dices eso?
-Porque si fallo allá, aun me queda el consuelo de que podre volver. Pero si no voy, y fracaso aquí, sentiré que he desperdiciado la oportunidad de mi vida.
-Pero… ¿y si triunfas acá? No hará falta que vallas…
-Es demasiado arriesgado… lo siento.
-Esta bien… aunque… ¿que pasará con nosotros?
-Podemos seguir con nuestra relación… solo que será mucho más difícil…
-¿Volverás algún día?
-Si... pero solo será para buscarte...luego me volveré a ir, contigo.
Aquellas palabras lograron robarle, a María, un tímida sonrisa.
-Será mejor que te vayas… no quiero complicarte más las cosas.
Seguidamente, se besaron, con la misma emoción de la primera vez. Así sellaron el adiós, y Víctor salió de esa casa para siempre.
En el aeropuerto, mientras abordaba el avión que lo llevaría a Italia, él no dejo de pensar en los ojos llorosos, que le rogaban que permaneciera, junto a ellos. Sin perder tiempo, saco de su bolso, una pequeña libreta y empezó a escribir una carta, para su amada.
“Mari:
Lamento tanto tener que partir, sin embargo a veces la vida nos pone ciertas pruebas. Espero que nosotros superemos esta. Solo te pido que nunca olvides que te amo.
Víctor”
El solo hecho de leer esto, empujó a maría, a creer que el querer a alguien implica más tristezas que alegrías.
Aunque se mantenían en contacto, la perfumada flor, llamada amor, se iba marchitando entre ellos.
Pasaron seis meses y maría se hundía en su depresión.
En un intento de levantarle el ánimo, a la triste Penélope*, sus amigas, la llevaron a una fiesta.Allí, paso la mitad del tiempo, pensando en el hombre que se había ido. Con el descontento a flor de piel, optó por marcharse, a mitad de la noche; Pero no se percató de que unos glaucos ojos se habian posado en ella, y no la dejarían marchar, sin siquiera, cruzar palabra. Y así sucedió. Por un inesperado giro del destino, María, y el desconocido, pasaron el resto de la velada, charlando.
Terminada la celebración, ya en su casa, ella, examinaba su comportamiento: sentía que había intentado seducir, al muchacho.
Transcurrieron los días, y trató de volver a su rutina, pero le fue imposible, pues aquel muchacho invadía su pensamiento, al igual que su lejano amado.
Tiempo después, recibió una llamada inesperada. Era de Juan, el chico de la fiesta. Le proponía una reunion, y ella no pudo negarse.
Fueron dos meses de encuentros, hasta que María, empezó a dudar, si sería capaz de volver a sentir algo tan intenso por Víctor, como lo empezaba a hacer por Juan entristecida por la decisión de su corazón, escribió su última carta:
"Víctor:
Ya no puedo seguir con esto. No puedo seguir creyendo que volverás, y mucho menos a buscarme. Pero ante todo no podemos seguir imaginando que este “amor” podrá soportar tan tortuosa prueba.
Debo admitirlo, conocí a un chico. Es muy bueno, y he llegado a quererle demasiado, pero me duele, porque siento que te traiciono.
Solo te pido una cosa: dime si volverás, si crees, por lo menos, que podremos volver a ser tan felices juntos.
Te quiero
María
P/D: recuerda que sería capaz de esperarte toda la vida si fuera necesario."
Varios días después llego la respuesta.
"María:
Antes que nada quiero que sepas que te amo como el primer día, y por eso no puedo obligarte a nada.
Tienes mucha razón. No creo que vuelva, ni que logremos superar esta prueba. Lamento haberte causado daño, al darte falsas esperanzas y luego abandonarte. Tan solo me queda decirte que me hace tan feliz, pensar que el amor volvió a tocar a tu puerta, y no quiero negarte esa alegría. Solo recuerda que deseo que seas ten feliz con, quien sea, como yo lo fui contigo. Siempre te voy a apoyar.
Te amo
Víctor.”
Con esa tenue despedida, ellos comprendieron, que aquel amor fue tan grande, que se entrego por completo, para que ellos encontraran su verdadera felicidad.