Si hoy me preguntaran quien soy no sabría que decir, me fui
despojando de todo, de cada parte que se
ensamblaba en mi ser solo para dártela. No lo sé, tal vez tenías esa esperanza
secreta de que te abandonaría, esa idea de que nada es eterno y de que mi
paciencia o mi cariño tampoco. Por eso intentaste crear una réplica de mí, un
muñeco inanimado que sigue queriéndote aunque en el fondo no sienta nada. Si lo
pienso tendría mucho sentido, me fuiste reclamando siempre que sea lo que tú
querías, la persona encantadora que no era. Te convertiste en un escultor con
un martillo y un cincel que tallaba mi autoestima y mis ganas de quererte, pero
que en su ambición iba dañando la obra, iba arruinándola. Sé por eso que luego arrepentido
tomaste los pedazos que quedaron e intentaste unirlos, creyendo que así
volverías a tenerme, creyendo que volvería la chica de antes, la que te quería.
Pero yo no quiero volver, porque implicaría sufrir nuevamente las tragedias
imaginarias de las que tanto hablabas, volver a ser partícipe de la
sensación de inutilidad que me causaba
saber que sin importar lo que hiciera nunca iba a ser suficiente para ti. Ya no
quiero mendigarte un poco de cariño entregando por pago todos mis esfuerzos.
Creo que al final de todo ya ni siquiera te quiero.