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martes, 17 de febrero de 2015

Fragmento VIII (La Bruja de los Colores)

Cinco
Mateo: Creo que ya lo sabes, que conoces a la perfección cada cosa que voy a decir, lo que pienso o intento, de cómo me siento con lo que pasa o lo que va a pasar. Por eso no sé qué decirte. Es como repetir todo lo que hemos hablado, todo lo que no hicimos pero queremos hacer, todo lo que no somos...
Creo que en este momento ya nada tiene sentido. Es mejor olvidar lo que pasó, hasta los intentos de conservar una amistad normal mientras todo a nuestro alrededor se caía a pedazos. Tal vez vos no, pero yo me derrumbé con el todo. Por eso nada de esto nos sirve, por eso es que te extraño cada día y no sé qué hacer, no quiero seguirte lastimando, he lastimado a más personas de las que quería, más de las que creí necesario para sentirme bien y aún sigo sintiéndome una mierda. Dime ¿por qué mi historia no funcionó? ¿Por qué todas las mentiras ya no son suficientes? Lo sabes mejor que nadie y es lo mismo que está pasando contigo, pero te escudas tras esa sumisión de mierda. No te voy a negar que eso me harta, me cansa de sobremanera. Sinceramente te quiero mucho, pero lo único que debería decirte es que te vayas a la mismísima mierda, que no vales para nada, pero realmente no sé si quiero hacerlo.

Eugenia

Fragmento de La Bruja de los Colores, una de las historias jamás contadas, una de esas que nunca escribiré

sábado, 7 de febrero de 2015

Procrastinando I

Hacía calor, demasiado calor. Él se sentó al lado de la ventanilla con la esperanza de poder refrescarse aunque sea un poco. La brisa forzada le chocaba contra la frente y despeinaba los mechones mal cortados. Tenía el cabello un poco largo y la barba algo crecida, una señal de abandono para rebelarse contra el peluquero y su reciente ex novia.  
Un par de asientos atrás, ella lo miraba peinar su bigote colorado, mientras calculaba cuantos minuto tardaría llegar a destino. El tiempo la apremiaba. Debía llegar a clases junto con su falda, sus labios rojos y lo que le quedaba de puntual.
El colectivo avanzaba rápidamente por la ciudad y ellos se mantenían conectados por la mirada de aquella muchacha. Ella no imaginaba ni una vida perfecta con aquel colorado, ni un romance de película como tantas otras ilusas. Apenas si esperaba un contacto, un roce de aquellos ojos perdidos en la avenida, algo que la hiciera desear todo lo que no esperaba.

Y de repente sucedió, el joven se levantó del asiento y se bajó del colectivo sin siquiera levantar la vista del suelo, arruinando así cualquier ilusión ajena. 


viernes, 12 de agosto de 2011

Añorando lo pasajero

Que lindo que es recordar las mañanas en San Juan, cuando la niñez llenaba de inocencia aquel pequeño rostro. Es imposible describir por completo lo que sentía cuando la gélida brisa matutina acariciaba mis sonrisa, sirviendo de alivio para la calurosa noche que había pasado y anunciando el glorioso día que empezaba. Pero a veces era un poco más, me recordaba que seguía viva, que la sutileza de mi espíritu seguía intacta y que, sin importar lo que pasara, yo era feliz.
Después de tantos años años solo puedo añorarlo mientras oigo canturrear a aquellos pájaros que componían melodías para esos buenos momentos, y de cuales apenas conozco su canto. Incluso todavía puedo experimentar esa sensación: viajar otra vez, durante seis interminables horas para luego llegar a aquella casa, donde mi diminuto ser empezó a caminar, y esperar al alba para salir al patio. Sin embargo ya no será lo mismo. He crecido y ya no miro de la misma forma, apenas si veo como todo se ha deteriorado por acción del abandono y los años que nos pesan. Hasta la felicidad se ha quedado guardada, llenándose de polvo en una destartalada caja junto a los sueños que dejé morir.  Aun así no queda más que convencerse de que hoy también es un glorioso día, porque la vida sigue y no se detiene a mirar las flaquezas de aquellos a los que arrastra.