Es que en el fondo el sapo se quería morir. Se tiró al
abandono de tal forma que, en sus últimos días, apenas si podía clavar la mirada
en la flor y murmurarle “tal vez sea en otra vida, querida.”
Este es el primero que subiré de una serie de ejercicios realizados en el taller del grupo Joaquín. Simplemente son mis trabajos terminados.