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miércoles, 25 de febrero de 2015

Fragmento X (La Bruja de los Colores)

Azul Ultramar
“La primavera no representa ninguna alegría, no todas las flores florecen con ella.”
—Llévatelo, no me interesa conservarlo. Anda, vos que si sos mejor, que no tienes ningún otro problema que no sea el maldito miedo a tus padres.
Las ironías, creo que fueron sus ironías las que me llevaron a ella, esa forma de mostrarse fuerte ante lo que padecía.
Si lo pienso bien, ocultó absolutamente todo tras delirios e historias raras, de cómo sus padres la odiaban, de cómo el idiota de su novio era un magnífico artista, o trataba de serlo, aunque era obvio que el tipo le tenía pena y hasta se sentía culpable de no poder ayudarla. Por eso se quedaba con ella, para ver si podía hacer feliz a una chica con demasiados problemas emocionales y así sumar algo a la lista de inútiles logros.
Pero volviendo a lo cierto, ella se mantenía gracias a sus inventos porque no podía soportar el solo hecho de sentirse tan vacía y desdichada sin motivo aparente, dejando como el único victimario a algún tipo de trastorno, enfermedad mental o vaya a saber que, algo que sería muy acertado si se considera lo que inventó sobre su hermana después del accidente…
Pero en fin, entre ironías y gritos, ella me clavaba la mirada, casi como apuñalándome o amenazándome con hacerlo si no sacaba de su vida a aquel cuadernillo
—No me voy a ir, deja de decir estupideces y escúchame aunque sea por una vez
— ¡Qué te vayas de mi casa, por un demonio!
No la recuerdo tan alterada como esa vez, aunque tampoco recuerdo que su voz no se quebrara con cada palabra. Era casi evidente que si no me iba al cabo de unos instantes empezaría a aventarme todo lo que sus manos pudieran agarrar, además ¿quién era yo para contradecir sus deseos? Nunca fui capaz de contradecir mis miedos y admito que en ese momento ella me asustaba. Así que no me quedó más remedio que darme la vuelta e  irme, aunque por una veta  de orgullo dejé el cuaderno sobre la cama, el cual, como supuse en los instantes anteriores,  voló desde sus manos hasta mi nuca mientras ella seguía gritando que me lo llevara, ni hablar de que le hice caso.
Esa fue la última vez que vio el cuaderno, al menos hasta que volvió luego de tanto tiempo a buscarlo, solo que ya no era ella, no era la Eugenia que recordaba.

Fragmento de La Bruja de los Colores, una de las historias jamás contadas, una de esas que nunca escribiré

sábado, 21 de febrero de 2015

Fragmento IX (La Bruja de los colores)

Me pregunto si en el fondo de tu alma aún queda un suspiro de recuerdos. Siempre has sido de esas personas que actúan dormidas y que al cabo de unos minutos no saben lo que han hecho.
¡Qué maravilloso don el que posees! ¡Qué magnifica manera de vivir! ¿Sabes? creo que después de tantos años he aprendido a vivir como tú, con esa elegancia al caminar y la borrachera crónica, aunque claro, la resaca nunca aparece ¿será que por eso pinté el cielo de morado, el suelo de gris y mi piel de verde? ¿Será por eso que los sauces no dejan de bailar con el viento? ¿Será que te has convertido en el viento y no me lo has dicho? Sí, creo que es eso. Las pinceladas de tus ojos siguen transformando mis pasos en estáticos pies... No quiero quedarme. Prometo que no voy a volver.



Fragmento de La Bruja de los Colores, una de las historias jamás contadas, una de esas que jamás escribiré...

martes, 17 de febrero de 2015

Fragmento VIII (La Bruja de los Colores)

Cinco
Mateo: Creo que ya lo sabes, que conoces a la perfección cada cosa que voy a decir, lo que pienso o intento, de cómo me siento con lo que pasa o lo que va a pasar. Por eso no sé qué decirte. Es como repetir todo lo que hemos hablado, todo lo que no hicimos pero queremos hacer, todo lo que no somos...
Creo que en este momento ya nada tiene sentido. Es mejor olvidar lo que pasó, hasta los intentos de conservar una amistad normal mientras todo a nuestro alrededor se caía a pedazos. Tal vez vos no, pero yo me derrumbé con el todo. Por eso nada de esto nos sirve, por eso es que te extraño cada día y no sé qué hacer, no quiero seguirte lastimando, he lastimado a más personas de las que quería, más de las que creí necesario para sentirme bien y aún sigo sintiéndome una mierda. Dime ¿por qué mi historia no funcionó? ¿Por qué todas las mentiras ya no son suficientes? Lo sabes mejor que nadie y es lo mismo que está pasando contigo, pero te escudas tras esa sumisión de mierda. No te voy a negar que eso me harta, me cansa de sobremanera. Sinceramente te quiero mucho, pero lo único que debería decirte es que te vayas a la mismísima mierda, que no vales para nada, pero realmente no sé si quiero hacerlo.

Eugenia

Fragmento de La Bruja de los Colores, una de las historias jamás contadas, una de esas que nunca escribiré

domingo, 1 de febrero de 2015

Fragmento VII (La Bruja de los colores)

Azul
“Corazones profundos y fríos como el mar. Solo nadando a través de ellos conoceremos lo que habita en sus grietas.”
Su mirada se había perdido en las manchas de humedad que atravesaban todo el cielo raso. Una voz melodiosa repetía “arriba, vamos, levántate.” Sin embargo, él no se quería levantar, no quería salir de esa habitación y mucho menos de aquella cama.
El día a día no le importaba, tampoco su trabajo, ni sus estudios, ni nada. Siempre se preguntó que hacía estudiando una carrera que solo les gustaba a sus padres, si ni siquiera ellos le pagaban la universidad, ni el departamento, ni las noches de soledad. Ellos no hacían nada, pero aún él intentaba complacerlos.
A duras penas se destapó y el frío lo abrazó tan fuertemente que un pequeño escalofrío invadió todo su cuerpo.  Era lo normal en las mañanas de junio, pero ya no lo sentía, el frío se había hecho parte de su rutina hacía varios meses.
“No te vayas, quédate aquí conmigo.” La dulce vocecilla se hacía presente una vez más. ¿Y qué era esa voz? Si es que era algo más que un cruel intento de su mente para no sentirse solo.

Volteó hacia la cama y buscó por toda la habitación. Nuevamente había sido engañado por el deseo de compresión y compañía. Así, una vez más se resignó a vestirse para salir a la nada que llamaban ciudad, para luego ir a la roca donde todos crean sueños, pero donde él los había perdido. Salió bastante desabrigado, pero no hacía falta abrigarse. El aire se viciaba demasiado rápido en la universidad.

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domingo, 26 de enero de 2014

En honor a Teresa

La mujer con perfume a tabaco estira su brazo para recoger la caja de cigarrillos que está sobre la mesa. La cajita arrugada se ha ido vaciando por arruinadas manos de largas y amarillas uñas. Los dedos temblorosos toman un cigarro de su interior y lo acercan a los labios resecos de esta mujer de vista cansada, justo antes de que un mechero haga la magia en su otra mano. Ella se distrae por un momento mirando los exámenes que tiene en frente,  cuarenta hojas con respuestas variadas, pero que apuntan a lo mismo que esta mujer ha preguntado en un salón de clases durante veinte años y que a nadie la ha importado realmente.
Ella nunca ha sabido lo que es respirar con una bolsa atravesada en la tráquea, pero si le explicaran como se siente, podría llegar a la conclusión de que eso está pasando en estos instantes, porque de una u otra forma todo su sistema respiratorio está complotando para intentar frenarle el paso al humo, aunque esto implique asfixiarla. Así que tose, tan fuerte como si su alma intentara escapar por la garganta, pero tan despacio que puede dejar delicadamente su cigarro en el cenicero y contemplar filosóficamente como se deteriora el cielo raso de su casa y de su vida.
­—Hola ma.
Ella no escuchó la puerta porque tosía como si tuviera la garganta llena de arena, aunque por suerte él ya se había guardado las ganas de quejarse nuevamente de los vicios de su madre.
—Hola Julian ¿En qué te viniste?
— Me trajo Facu
Y lo piensa "maldito pendejo maricón". No sabe si el tal Facundo en cuestión es solo amigo de su hijo o qué, ni siquiera ha recibido la confirmación oficial de la homosexualidad de Julian, pero ella sabe que andan en algo. El problema no es precisamente que fuera gay o que le gustara coger cadáveres, el verdadero conflicto es que esta mujer deseaba que al menos una cosa en toda su vida fuera normal, pero el crío le salió rarito. "Maldito pendejo maricón" piensa otra vez.
Detrás de la frase de Julian las miradas se cruzan iniciando una batalla más épica que la guerra de los cien años. Cualquier espectador con un poco de imaginación vería cientos de balas, miles de pedradas, unas cuantas granadas y hasta rayos láser futuristas atacando desde la mirada de esta mujer a la de su hijo y viceversa. Sin embargo el instinto de preservación del joven guerrero es mayor al deseo de vencer y  huye a su habitación, dejándole la victoria a los amarillentos ojos de ella.
Para esta mujer, ser madre implica eso: Salir del pozo depresivo al menos por un instante para poder educar correctamente a sus hijos. El dilema de la situación es que a ella le cuesta identificar la diferencia entre pozo, pocito y pozote y no termina de salir nunca.
Pasado el momento maternal, ella busca ansiosa el cigarro barato que se ha consumido casi en su totalidad sin siquiera una sola pitada. Al menos sirve para calmar la desesperación sin sentir la culpa de gastar demasiado en cigarrillos que ni se llegan a fumar.
El día pasa, la pila de exámenes se deshace y luego se transforma en otra pero con los exámenes corregidos. El cenicero ya se encuentra atestado con los cadáveres de los sueños de esta mujer. Piensa, mirando la foto de sus nietos en el fondo de pantalla de su celular, en la época en la que la llamaban Tesorito. Era un dulce juego de palabras que le gustaba: Teresa-tesorito. Aunque pasado los años sabe que esas palabras mucho no tienen que ver  y menos para referirse precisamente a ella.
Se hizo demasiado tarde, casi las dos de la mañana y Teresa tiene que dar clases a las 7, pero aunque se haya acostado hace más de dos horas aún no puede dormir.  Está sumergida en recuerdos imaginarios, cosas que ni siquiera han sucedido, como por ejemplo el día que el padre de sus hijos le propuso matrimonio, un momento que no sería desgarrador si hubiera sido cierto y el tipo en cuestión no se hubiera esfumado en cuanto ella quedó embarazada de los mellizos.
Una cosa lleva a la otra, la noche se hace día mientras ella se pierde en el sueño sin siquiera notarlo. El despertador suena anunciando las 6:30, es tiempo más que suficiente considerando que vive justo en frente de la escuela y que piensa ir en pantalón de pijama, como si nadie pudiera notar su desarreglada apariencia.

En el colegio nunca la han respetado como ella esperaba, especialmente los alumnos. No es ninguna novedad el hecho de que se burlen en su propia cara, que se copien bajo sus propias narices y ni siquiera intenten fingir escucharla. Si se sumara eso al hecho de que el resto de las cosas no van bien desde hace bastante se obtendría un cóctel bastante dañino, tal como el que esta mujer se está tomando mientras intenta dar clases. Por eso se altera y empieza a gritar como una posesa que todos se callen, mientras las piernas se le aflojan y los pulmones se le vacían. Es solo un instante. Un segundo y todo el mundo está en silencio mientras uno de los alumnos corre hacía la preceptoría para avisar que la profesora de literatura se ha desmayado. 

lunes, 4 de noviembre de 2013

Fragmento VI (La Bruja de los colores)

Blanco
“De repente nuestros abismos se llenaron de luces ¿Te imaginas? abismos plagados de luz, plagados de estrella.”
Vi como todo giraba y se destruía al instante. Entre las vueltas las horquillas que llevaba en el bolso se me clavaron en el hombro; el para brisas estalló en cientos de minúsculos cristales que se incrustaron en mi rostro, cuello, manos y toda la piel que estaba desnuda; la portezuela del auto se hundió de tal forma que mi tórax quedó estrangulado por el cinturón. No sé si fue una chapa o alguno más de los vidrios que volaban por todo el auto, pero sé que algo se hundió en mi cuello y comencé a ahogarme. Instantáneamente el tiempo mermó su paso, las luces se hicieron más brillantes tal como si miles de estrellas hubiesen bajado del cielo solo para contemplarnos. Miré a Miguel y le sonreí. El lloraba y creo que también gritaba, pero no estoy segura porque un zumbido no me dejaba oír.

Creo que al final la muerte no es tan horrorosa como dicen. El mundo se vuelve tan bello en ese preciso instante, como si el verdadero momento para vivir estuviera por empezar. Por eso ya no dolía nada de lo estaba pasando, tampoco sentía los gritos de Miguel o de la gente que se acercó corriendo cuando el auto cesó de girar. Ya nada me afectaba, ni el llanto de mi hermana en un par de días, ni los que sentirían un leve vacío al saber que no volverían a verme ni de pasada. Al fin y al cabo sucedía lo que me aterraba provocar, la última cosa que quise estaba funcionando. Por eso no pude evitar sonreírles a las personas que horrorizadas trataban de ayudarnos. No pude evitarlo porque yo estaba feliz.

Fragmento de la Bruja de los colores, una de las historias jamás contadas, una des esas que nunca escribiré

jueves, 24 de octubre de 2013

Fragmento V (La Bruja de los Colores)

Para ti Marrón, seas quien seas:
Es verdad lo que dicen de que nunca terminamos de conocer a las persones, no nos alcanza nunca el tiempo ni ocasión suficiente, porque los que se van nunca vuelven, ni nosotros volvemos a ellos. Ni aunque aparezcan luego de décadas o de minutos Es que ya no son las personas que conocimos. Así de simple resultó ser todo, pero no es tan fácil de asumir y menos comprender que te había perdido antes de que dejaras de responder al nombre de Eugenia, incluso antes de que tus padres se hubieran muerto o de que esa hermosa niña de rizos cafés dejara de correr a tu encuentro cada vez que volvías a casa. Sí, mucho antes de que las historias en ese cuaderno se hicieran reales para ti.
De todas formas ese no es el mayor de los problemas, sino que me perdí tratando de encontrarte, intentando que tu voz no resonara tan fuerte, que cada una de las palabras que dijiste alguna vez no me siguieran atormentando. ¿Te puedes imaginar cuán difícil fue? Para que te hagas una idea es como todas las mañanas en las que te preguntaste si valía la pena levantarte e intentar que todo funcionara bien al menos un rato, cuando eras consciente de que te estabas yendo a la mierda y no sabías cómo volver. Es probable que ni te acuerdes de esos días, quizás todas tus historias sí eran mejores que la vida miserable que creías llevar. 
En fin, ya no puedo seguir intentando recordar esos segundos que no existen, ya no sé si quiero encontrarte o solo quiero jugar con mis recuerdos, volver a mentirme que tú eras mi bella marrón y que corriendo tras de ti podría atraparte. 
Miguel 
P/D: Sí, te extraño.

Fragmento de La Bruja de los Colores, una de las historias jamás contadas, una de esas que nunca escribiré.

miércoles, 17 de julio de 2013

Fragmento IV (El Cuaderno Azul)

"Y en algún momento llegas a darte cuenta que no es un simple aniversario de una fecha que nadie recuerda, es el recordatorio de que has perdido un mes, un año o el tiempo que sea mirando a alguien que tarde o temprano se irá. Solo has retrasado un mes lo inevitable, has hecho perder momentos de su vida a quien no merece perder tiempo. En eso se convierten los aniversarios: perdidas que nos dejan el consuelo de creer que así hemos vivido y aprendido un poquito más. Sin embargo hace un año que la observo, y no he aprendido ni vivido nada. Solo me he contagiado de su pena."

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martes, 12 de marzo de 2013

Fragmento III (La Bruja de los Colores)



Cansancio
“Un hombre dormido es un hombre sin recuerdos, que solo podrá ahogarse en las profundidades de la verdad y la excitación.”
—Necesitabas tanta atención que te creaste una vida nueva. ¡Todo está en este maldito cuaderno! ¿No lo ves? No podías sufrir por siempre con la falsa maldad de tus padres porque ya estaban muertos, entonces inventaste que tu hermana era una suicida y tomaste el lugar de la persona más inocente.
— ¡Ya cállate! ¡Eso no es cierto! —No pude hacer más nada que taparme los oídos y bajar la mirada, creí que si dejaba de mirarlo sus palabras serían menos reales, como recuerdos de un mal sueño- No lo es, no, no...
— ¡Y escribiste esas malditas cartas! Solo necesitabas que tus historias tuvieran un fundamento físico ¡Sí! ¡Por un día te creíste que tu hermanita tenía la intelectualidad suficiente para hacer todo esta mierda de las cartas! ¡Solo con 6 malditos años!
Sabes que alguien va a decir algo doloroso cuando respira profundo, aprietas los puños, su rostro enrojece y la mirada se le vuelve gélida. Sabía que lo que estaba por decir no era mentira, que no era un simple insulto con el fin de provocarme daño. Él no podía hacer eso, o al menos eso sentía, porque tras el frío de sus ojos se asomó aquello de lo que siempre quise escapar: la pena.
—Realmente estás enferma, ya es hora de aceptarlo.
—Cállate por lo que más quieras, por favor. No... No quiero que digas más nada.
—Pero no puedo seguir mintiéndote
Quisiera saber quién se hubiera resistido al deseo de estallar en llanto y huir lejos de las palabras acusadoras. Al menos yo no me resistí, pero ojalá hubiera podido escapar con mayor rapidez de lo que las lastimaduras de mis piernas me lo permitieron.

Así fue como mi mayor temor se hizo presente: Ni todo el daño que le provoqué a mi cuerpo, ni toda la sangre que brotó de mis brazos por años podían superar el dolor que significaba recordar.

Fragmento de La Bruja de los Colores, una de las historias jamás contadas, una de esas que nunca escribiré.

martes, 26 de febrero de 2013

Fragmento II (El Cuaderno Azul)


No puedo dejar de pensar ¿Qué demonios está pasando? Digamos que es una vieja, quince años no es poco. Aunque me siento tan apegado a ella, a esa tenue sonrisa, a su aroma a café, a sus ojos marrones delineados por gruesas ojeras. Hay momentos en los que me pregunto si serán moretones, manchas de nacimiento o vaya saber qué, sin embargo solo concluyo que son cicatrices, cicatrices de aquellas historia que se niega a contarme, las que han vuelto sus ojos más oscuros de los que ya son.
Me siento estúpido, muy estúpido. Podría haber buscado una chica de mi edad. Estúpido, estúpido, estúpido. Como si fuera a lograr algo más que sentirme reflejado en ella, en su sonrisa, en sus manos inquietas, en la forma que se acaricia las cejas cada vez que la migraña le es insoportable. No sé, me siento un imbécil pensándolo y destacando cada cosa en ella, sobre todo si no es nadie… No es absolutamente nadie. Y aunque lo fuera, no dejaré que transforme en algo más importante que solo una chica que vive al lado, que solo vuelve a casa después de las nueve para desaparecer por la mañana, amenazando con nunca más volver.
Sinceramente soy un estúpido, un simple niño estúpido.

Fragmento de El Cuaderno Azul, una de las historias jamás contadas, una de esas que nunca escribiré.

lunes, 18 de febrero de 2013

Fragmento (El Cuaderno Azul)

"Es una pena, una verdadera pena el no poder fingir estar dormido para siempre. Hace un rato me tuve que levantar y venirme a casa, creo que no le gustó haberme encontrado abrazado a sus piernas, con mi cabeza apoyada en su cintura.
A veces no la entiendo, me cuida como un niño, pero no me ve como tal, tampoco me ve como un hombre, simplemente no me ve. Creo que es esa duda la que me atrae, lo que me deja con una sonrisa y me da ganas de levantarme temprano, para mirar por la ventana como sale hacia su trabajo. Hay días en los que pienso en que no va a volver, hay otros en los que con un gesto me lo asegura, y a las semanas la encuentro sentada frente a una pared blanca, cualquiera en la ciudad, observándola como si pudiera ver toda una vida proyectada en ese vacío."

Fragmento de El Cuaderno Azul, una de las historias jamás contadas, una de esas que nunca escribiré.