miércoles, 27 de agosto de 2014

Tragedias Imaginarias

Si hoy me preguntaran quien soy no sabría que decir, me fui despojando de todo, de cada parte que se ensamblaba en mi ser solo para dártela. No lo sé, tal vez tenías esa esperanza secreta de que te abandonaría, esa idea de que nada es eterno y de que mi paciencia o mi cariño tampoco. Por eso intentaste crear una réplica de mí, un muñeco inanimado que sigue queriéndote aunque en el fondo no sienta nada. Si lo pienso tendría mucho sentido, me fuiste reclamando siempre que sea lo que tú querías, la persona encantadora que no era. Te convertiste en un escultor con un martillo y un cincel que tallaba mi autoestima y mis ganas de quererte, pero que en su ambición iba dañando la obra, iba arruinándola. Sé por eso que luego  arrepentido  tomaste los pedazos que quedaron e intentaste unirlos, creyendo que así volverías a tenerme, creyendo que volvería la chica de antes, la que te quería. Pero yo no quiero volver, porque implicaría sufrir nuevamente las tragedias imaginarias de las que tanto hablabas, volver a ser partícipe de la sensación  de inutilidad que me causaba saber que sin importar lo que hiciera nunca iba a ser suficiente para ti. Ya no quiero mendigarte un poco de cariño entregando por pago todos mis esfuerzos. Creo que al final de todo ya ni siquiera te quiero.


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