Creo que lo que más
me gusta de ti son tus muñecas. Esas pequeñas angosturas en las que se dibujan
las primeras ramas de los cerezos de tus dedos y donde la vida que recorre todo
tu cuerpo se deja ver en verdes brotes.
Y ni hablar de que me encanta como en esos espacios se acumulan tantas
sensaciones, que con solo rozarte puedo hacer que tiembles.
La verdad es que me gustan tanto que incluso creo que
preferiría besarlas antes que hacerlo con tus labios, tan llenos de memorias y
recuerdos que no me incluyen ni interesan. Pero me aseguraría que fuera justo
ahí, donde se marcan los pliegues causados por esas sobrevaloradas e inquietas manos. Porque sí, tus manos y las
de todo el mundo están demasiado sobreestimadas, como si fueran las únicas
portadoras del tacto. Si tan solo alguien se detuviera a pensar en el resto de
la piel… Sin embargo no me importa el resto de tu piel, apenas ese pequeño
espacio, cargado de venas y nervios, que se mantendrá joven e intacto y que
siempre será donde querré dibujar mis besos.
¿Sabes? Hasta podría intentar proponerte un pacto, que me
dejes acariciar cada una de tus muñecas a cambio de que en algún momento me
guste todo lo que las rodea.
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