martes, 6 de noviembre de 2012

Malditas Fotocopias


Quizás mañana te darás cuenta de lo que hablo, pero hoy tan solo lee. Es probable que ya haya pasado el mediodía, y vaya que mañana has tenido. Despertaste gracias a la alarma de un celular de vaya a saber quien. Quizás de tu madre, o tuyo si se da el caso. No fuiste consciente de tus actos hasta que te lavaste la cara. Entonces ahí viste los surcos que se forman a las 6 de la mañana, o la hora que sea. Seamos sinceros, es raro que duermas bien sabiendo que tienes un día penoso y agotador, es por eso que durante la semana te levantas tan cansado y fatigado, y durante el fin de semana tus mañanas son tan espléndidas, por no decir placenteras.
Pero no importa, volvamos a tu despertar. Te lavaste la cara y te cepillaste los dientes. Realmente lo hiciste ¿no? Quizás seas una de esas personas que prefieren lavárselos luego de desayunar, y cargar con el asqueroso sabor mañanero mientras terminas de vestirte.
Luego te preparas el desayuno. Tal vez sea un café, o un té, o algo con leche. Las personas no suelen ser muy creativas con varias horas de sueño, fastidio y frustración acumulada, mucho menos si es para comer. Quizás, y muy quizás tengas la suerte de que alguien te prepare un delicioso desayuno, bien completo y nutritivo. Pero no pretendo detenerme en estás grandiosas excepciones.
Terminas con todos los preparativos y te vas. Quien sabe como, pero todos coincidimos que para entrar a ese triste aunque elegido lugar lo haces a caminando. Paso tras paso atraviesas por las portezuelas. Saludas a los porteros, porque así te lo indica tu educación; o no, porque tienes demasiado sueño como para interesarte por la persona que ha pasado lo mismo que tu, con el único fin de sentarse detrás de un escritorio para atender a la gente que llega a ese lugar.
Entras a una sala y te sientas en un pupitre. Lamentablemente me detendré solo en tu vida como estudiante, porque no me interesa en lo absoluto tu trabajo ni el hecho que aún no puedas escapar del colegio, ni la universidad, ni de nada. Tampoco tengo interés en que esos años, probablemente doce para la mayoría se hayan sido los mejores de tu existencia. La verdad es que me importa tanto como a ti te importa cuantas veces he contado las tablas de machimbre que forman el techo de mi habitación o los tirantes que los sostienen. Lo importante aquí es que te sientas y esperas. Sabes de antemano lo que sucederá. Vendrá un profesor, dará su clase, conversarás con tus compañeros, que ya han pasado a ser tus amigos, mientras la clase transcurre, luego tocará el timbre, el profesor se irá y tú saldrás al recreo, para "descansar" de la hora anterior.
Así pasará tu mañana, y tal vez parte de tu tarde. Llana, simple y aburrida, porque aunque tu no lo notes es así. Estudias apenas para aprobar. Para el resto del alumnado no eres nadie, más que una persona que ven a diario, pero de la cual no le importa ni su nombre. Tus profesores recuerdan tu nombre, porque es una forma más rápida de callarte cada vez que tus tertulias interfieren en la clase. No eres ni el líder del grupo de amigos que formaste en la escuela. Es con ellos con los que haces los trabajos y demás actividades que tengan el fin de una nota al final del trimestre. En el fondo, muy en el fondo, sabes que estás con ellos porque no te quedó de otra. Porque eran los más tolerables, y porque los seres humanos tenemos la tonta capacidad de querer a las personas con las que compartimos unos minutos periódicamente. Simplemente no eres más que un maldito legajo, aunque todos en la institución insistan en negarlo.
 Llegó la hora de ir guardando tus cosas. Te dejaron mucha o poca tarea, todo depende del profesor de turno. Hay algunos que no les interesa en lo absoluto la educación, porque te ven como un inútil sin capacidades de lograr nada en la vida, y por ello no les importa que aprendas. Curiosamente es contra estos con los que más luchamos, porque no te molesta saber que realmente serás un inútil y patearas piedra durante toda tu vida. Solo te molesta que te lo diga alguien que detestas, y sobre todo que tenga la razón.
Ha terminado el día escolar y te volviste a tu casa. Probablemente ya has almorzado, pero tampoco me importa, ni me importa si alguno de tus días fue como lo que dije antes. Ni siquiera interesa como pueda seguir esto, mis ideas sobre ti son tan diferentes como tú lo eres de mí, o tal vez aún no has notado lo predecible que es tu vida.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario