Quizás
mañana te darás cuenta de lo que hablo, pero hoy tan solo lee. Es probable que
ya haya pasado el mediodía, y vaya que mañana has tenido. Despertaste gracias a
la alarma de un celular de vaya a saber quien. Quizás de tu madre, o tuyo si se
da el caso. No fuiste consciente de tus actos hasta que te lavaste la cara.
Entonces ahí viste los surcos que se forman a las 6 de la mañana, o la hora que
sea. Seamos sinceros, es raro que duermas bien sabiendo que tienes un día
penoso y agotador, es por eso que durante la semana te levantas tan cansado y
fatigado, y durante el fin de semana tus mañanas son tan espléndidas, por no
decir placenteras.
Pero
no importa, volvamos a tu despertar. Te lavaste la cara y te cepillaste los
dientes. Realmente lo hiciste ¿no? Quizás seas una de esas personas que
prefieren lavárselos luego de desayunar, y cargar con el asqueroso sabor
mañanero mientras terminas de vestirte.
Luego
te preparas el desayuno. Tal vez sea un café, o un té, o algo con leche. Las
personas no suelen ser muy creativas con varias horas de sueño, fastidio y
frustración acumulada, mucho menos si es para comer. Quizás, y muy quizás
tengas la suerte de que alguien te prepare un delicioso desayuno, bien completo
y nutritivo. Pero no pretendo detenerme en estás grandiosas excepciones.
Terminas
con todos los preparativos y te vas. Quien sabe como, pero todos coincidimos
que para entrar a ese triste aunque elegido lugar lo haces a caminando. Paso
tras paso atraviesas por las portezuelas. Saludas a los porteros, porque así te
lo indica tu educación; o no, porque tienes demasiado sueño como para
interesarte por la persona que ha pasado lo mismo que tu, con el único fin de
sentarse detrás de un escritorio para atender a la gente que llega a ese lugar.
Entras
a una sala y te sientas en un pupitre. Lamentablemente me detendré solo en tu
vida como estudiante, porque no me interesa en lo absoluto tu trabajo ni el
hecho que aún no puedas escapar del colegio, ni la universidad, ni de nada.
Tampoco tengo interés en que esos años, probablemente doce para la mayoría se
hayan sido los mejores de tu existencia. La verdad es que me importa tanto como
a ti te importa cuantas veces he contado las tablas de machimbre que forman el
techo de mi habitación o los tirantes que los sostienen. Lo importante aquí es
que te sientas y esperas. Sabes de antemano lo que sucederá. Vendrá un
profesor, dará su clase, conversarás con tus compañeros, que ya han pasado a
ser tus amigos, mientras la clase transcurre, luego tocará el timbre, el
profesor se irá y tú saldrás al recreo, para "descansar" de la hora
anterior.
Así
pasará tu mañana, y tal vez parte de tu tarde. Llana, simple y aburrida, porque
aunque tu no lo notes es así. Estudias apenas para aprobar. Para el resto del
alumnado no eres nadie, más que una persona que ven a diario, pero de la cual
no le importa ni su nombre. Tus profesores recuerdan tu nombre, porque es una
forma más rápida de callarte cada vez que tus tertulias interfieren en la
clase. No eres ni el líder del grupo de amigos que formaste en la escuela. Es
con ellos con los que haces los trabajos y demás actividades que tengan el fin
de una nota al final del trimestre. En el fondo, muy en el fondo, sabes que
estás con ellos porque no te quedó de otra. Porque eran los más tolerables, y porque
los seres humanos tenemos la tonta capacidad de querer a las personas con las que
compartimos unos minutos periódicamente. Simplemente no eres más que un maldito
legajo, aunque todos en la institución insistan en negarlo.
Llegó la hora de ir guardando tus cosas. Te
dejaron mucha o poca tarea, todo depende del profesor de turno. Hay algunos que
no les interesa en lo absoluto la educación, porque te ven como un inútil sin
capacidades de lograr nada en la vida, y por ello no les importa que aprendas.
Curiosamente es contra estos con los que más luchamos, porque no te molesta
saber que realmente serás un inútil y patearas piedra durante toda tu vida. Solo
te molesta que te lo diga alguien que detestas, y sobre todo que tenga la razón.
Ha terminado
el día escolar y te volviste a tu casa. Probablemente ya has almorzado, pero
tampoco me importa, ni me importa si alguno de tus días fue como lo que dije
antes. Ni siquiera interesa como pueda seguir esto, mis ideas sobre ti son tan
diferentes como tú lo eres de mí, o tal vez aún no has notado lo predecible que
es tu vida.
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