Salió de lo profundo de su colchón para encontrarse en la
penumbra con las curiosas miradas de las
tablas de machimbre que cortaban el techo. (¿Sabes
lo que dicen sobre esas miradas?) El colchón ya hundido en el centro le
hacía preguntarse cuan abajo había llegado ya, solo, cansado, con un par de
sonrisas permanente bajo los ojos (Ya
sabes, eso de que los años marcan sus burlas como hinchadas ojeras, todos lo
dicen).
Si bien nunca le resultó divertido el desvelarse, esta vez (porque hay que variar o sino nos volveremos
grises y aburridos) prefirió reír a carcajadas, de esas tan estruendosas que
hacen que te salten las lágrimas, de esas que son más sollozos que otra cosa.
: )
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